El viaje llega a su fin


Esa mañana me desperté temprano, tome desayuno con mis amigos, y partí. No volvería en todo el día. Probablemente tarde, aunque trataría de comer con ellos, ya me quedaban pocos días acá.
Me subi al auto y en el primer Auchan (supermercado) que encontré antes de salir de la ciudad, pare. Compre un par de Baguettes, una botella de vino, y quesos (Camembert, obviamente mi preferido, y Coeur de Lyon). Rapidamente tome la ruta que lleva a Rennes, la actual capital de la Bretgane. Mientras manejaba por la ruta, y el sol comenzaba a aparecer tímidamente entre las nubes un poco de lluvia caía. Y como no recordar este paisaje con lomas suaves, todo verde, y la lluvia, para mi siempre me recordaba Chiloe, la geografía, el clima, las personas. No pude dejar de pensar que el día que reserve los pasajes, lo hice pensando en venir con el. Incluso en noviembre cuando tenia que pagarlos o perder la reserva, aun guardaba la esperanza de que volviéramos, pero las cosas no se dieron. Pero asi como las nubes a ratos dejaban ver el sol, paso la pena del instante, después que algunas lagrimas rodaron. Después de una hora y media de manejar y recordar los distintos lugares que pasaba, llegue al periférico de Rennes. La ultima vez que estuve acá, lo estaban construyendo, y debía cruzar toda la ciudad, esta vez seria mas fácil, y rápido. Una vez que Sali de Rennes, tome el camino a Pontorson, y en menos de una hora, estaría en el lugar que deseaba volver a ver. Después de cruzar la Villa de Pontorson, el corazón comenzó a palpitar la piel a ponerse de gallina. Cuando a lo lejos, veo la silueta, con la gran aguja, que en su punta sostiene a San Miguel, con la espada desenvainada, listo a defendernos de las hordas de demonios. El Mont Saint Michel, uno de los lugares de peregrinación de la cristiandad por siglos, la abadía construida sobre una pequeña isla, frente al continente, que cuando la marea esta baja esta unida a tierra, cuando sube queda convertida en isla. Después de unos minutos, la espera acabo. La marea estaba baja, claro que hoy existe un terraplén que lo une en forma permanente al continente. Estacione el auto, y camine lentamente, tratando de no perderme detalle, del imponente monumento, que durante siglos a estado acá. Entre al pequeño pueblo que rodea la Abadía, y lentamente comencé el ascenso, como peregrino que viene en busca del alivio, del perdón, de la gracia divina. Hacia frío, el viento marino, estaba helado. Pero era agradable ese refresco para el ejercicio que significa subir a la Abadía.
Después de unos minutos, llegue a la puerta de la Abadía, desde acá es posible observar los arenales, que rodean la roca que sostiene la iglesia. Y que están llenos de arenas movedizas. Pague mi entrada, y entre Primera parada la iglesia, al medio día había misa, creo que me quedaría. Así que rápidamente camine al claustro, desde donde es posible ver el mar, y un par de islas en la lejanía del canal de la mancha, que son inglesas. Epuissant dirían los franceses, o sea agotadora la subida, pero valía la pena. En el claustro, me senté, puse en marcha mi pendrive, y comencé a escuchar algo de canto gregoriano, para poder inspirar mi alma. No se cuanto rato estuve en meditación, pero el suficiente para calmar el alma, para encontrar paz, y me encamine a la Iglesia abacial.
En su interior, olor a incienso, la misa comenzaba, aca siempre se realizaban con el recorrido ritual, de incienso para limpiar el altar, con música de órgano y a veces un coro. El ambiente era recogedor, poca gente, los turistas en general viene a conocer, tomar fotos, no a misa. La verdad que hacia años, que no asistía a una, me sirvió para aclarar la mente, apaciguar el espíritu, y cargar de paz mi alma. Después de una hora, tenia hambre, baje al auto, y me senté en su interior, tenia frió. La transpiración del ejercicio de subir y bajar el Mont Saint Michel, se había helado. Así que prendí el motor del auto, y puse algo de calefacción, mientras tomaba un vaso de vino (pas mal, pense) mordía mi baguette, y lo mezclaba con trozos de queso, reconfortante. Dormite un rato en el interior del auto, tome algunas fotos, y parti. Esta vez tome la ruta por Dol de Bretgane, camino a Saint Malo, mientras el Cd tocaba Santiano, una canción de marinos Bretones que dice:
TIENS BON LA BARRE ET TIENS BON LE VENT,HISSEZ HAUT,
SANTIANO SI DIEU VEUT TOUJOURS DROIT DEVANT
NOUS IRONS JUSQU-A SAN FRANCISCO
C'EST UN FAMEUX TROIS MATS
FIN COMME UN OISEAUHISSEZ HAUT,
SANTIAMO
DIX-HUIT NOEUDS,
QUATRE CENTS TONNEAUX,
JE SUIS FIERE D'Y ETRE MATELOT
JE PARS POUR DE LONG MOIS,
EN LAISSANT MARGOTHISSEZ HAUT,
SANTIANO
D'Y PENSER, J'AVAIS LE COEUR GROSEN DOUBLANT LES FEUX DE SAINT MALO.
ON PRETEND QUE LA-BAS L'ARGENT COULE A FLOTS HISSEZ HAUT,
SANTIANO
ON TROUVE L'OR AU FOND DES RUISSEAUX,
J'EN RAMENERAI PLUSIEURS LINGOTS.
Y mientras Tri Yann, cantaba en el cd, pensaba en las analogías, que un año antes, había escrito sobre mi vida, la de quien en ese momento era mi pareja, y el mar. El tomar rumbo, el navegar de a dos, el llevar el curso, mientras otro se preocupa de la velas, y eso. La verdad, que la carga emocional, me daba cuenta, que traían estos recuerdos, eran cada vez menor, cada vez mas lejanos los sentimientos que llevaba cada recuerdo: No así los de 10 años antes, la emoción que traían, era la de la experiencia que cambio mi vida, eran de alegría, de agradecimiento. Después de una hora y algo mas de manejo, llegue a Saint Malo, una ciudad amurallada, y puerto, desde donde partió la expedición que conquisto el Canadá, por parte de Francia. Deje el auto estacionado, y me encamine a pie a una de las entradas, de la ciudad antigua. Camine un rato sin rumbo por las calles, compre un kouign aman, especie de pastel bretón, rico en mantequilla, exquisito, aunque el hígado iba a reclamar, mientras lo comía, tome una botella de Kerisac, cidra a la cereza, que me encanta. Subí a la muralla, y camine alrededor de la ciudad desde lo alto, observando las calles, casas, y el mar, el puerto. Me senté unos minutos, mientras fumaba un cigarro, a descansar. Estaba cansado, casi 200 km para llegar, subir a la iglesia abacial, caminar la ciudad amurallada. Decidí bajar y sentarme en un café, para descansar, mientras leía algo. Compre el periódico del día, la Press Ocean. Estaba cansado, de la falta de independencia de las personas, de la falta de iniciativa. Estaba cansado de tirar solo el carro, cuando se debe tirar de a dos, estaba cansado de ser quien organizara todo, de tener que tener siempre la iniciativa, estaba cansado de los berrinches, de la gente que escapa de si misma, que tapa sus problemas sus carencias con drogas, con consumismo, que no son capaces de reconocer las carencias, que arrancan cada vez que uno las menciona. Estaba cansado de la mentira, de la omisión, sabia desde hace un tiempo, que la mentira es el arma de los débiles y oprimidos, pero eso no hacia que estuviera dispuesto a aceptarla. Me había costado bastante salir adelante, en enero estuve una semana en cama, con fiebre, sabia que no era mas que una baja de mis defensas por pena. Me preguntaba si valía la pena? El tiempo me lo contestaría, por ahora, quería estar nuevamente bien. Después de una hora, pague mi café. Y regrese a Nantes, esta vez tome la ruta rápida, quería llegar luego donde mis amigos
Después de dos horas y algo estaba nuevamente en Nantes, comimos, mientras contaba de mi viaje,:
Quel fou (que loco) me dijo Jean Michel
Cuando le conté, de todo lo recorrido en el día, pero esta bien, te hacia falta agrego. Pregunto si quería salir por la noche a tomar algo, a un bar de la onda, como diría mi amigo Daniel. Le dije que estaba cansado, preferiría al otro día, así partiría el Viernes cansado, para poder dormir en el avión. Así que temprano me metí a la cama. Me sentía como el día pasado, el sol a ratos iluminaba el día, y se podía sentir levemente el calor. Creo que la noche por la que pasaba ya estaba por terminar.
1 Comments:
Genial... desde pequeño recuerdo en distintos soportes la imagne del "Mont Saint Michel"... siempre he querido conocerlo, y al leer tu texto fue como haber estado ahi... tendre que ir alguna vez y sin duda llevare musica gregoriana para escuchar...
Tambien concuerdo con eso de que uno se cansa de tirar solo el carro... mmm... es dificil amar... y tan facil dejarse amar... lo bueno en tu caso es que tienes claro el problema y tienes el caracter necesariopara enfrentar el problema.... pero bueno...esop, Saludos
Jorge
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